Nuestra adorable Triko ya no volverá a deleitarnos con sus pequeños mordisquitos y sus maulliditos tiernos, ni con sus sonoros y gustosos ronroneos. Mi pequeña, no te imaginas cuánto te echo de menos,lo mucho que pienso en tí, cuánto siento que pasaras ese calvario indigno y desmerecido llamado enfermedad. Pude ser testigo inminente de tu largo padecimiento, ojalá hubiera podido salvarte... Acaso no merecías vivir, jugar, saltar, brincar, morder, comer, etc, como ahora lo hacen tus hermanitos?, por qué te has tenido que marchar?, por qué la muerte nos arrebata a seres tan increiblemente maravillosos y tiernos como tú?. No es justo, no es justo, me repito sin cesar a mi misma, no es justo que no pudieras sobrevivir.
Te encontré un día de primavera agazapado sobre mi alfombrilla. Eras grande y hermoso, de ojos azules penetrantes como el cielo. Tan bueno y hermoso nos
pareciste que no pudimos devolverte a la calle sin anter haber intentado darte una oportunidad. La mala suerte llegó cuando descubrimos que habías dado
positivo a leucemia, nuestros sueños y añoranzas de buscarte un buen hogar se vieron cohartados, aún así conservamos la esperanza de que algun día llegaría ese gran momento.

La pequeña Luna nos ha dejado del mismo que ha vivido su año y medio de vida, llena de alegría y jugando en la cama como cada madrugada.
De repente, sin más, en un instante, ha caido fulminada, creo que ni siquiera se ha dado cuenta. En un segundo se terminó todo, ya no se
comerá más apuntes ni jugará con el portatil mientras intento estudiar. No me esperará más veces en la puerta, intentando escapar al rellano
de la escalera para que la persiga. Ni se colará en la cocina, ni vendrá a pedir más caricias, ni a dar más besos.

Aquí podemos ver las malas condiciones en que Sonne fue sacada de la perrera, quería constantemente mamar
de su madre pero ella la rechazaba, instinto maternal gatuno, rechazan a las crías que van a morir, así de
duro nos parece pero forma parte de su propia naturaleza.

Un día te saqué de una sordida, sombría y lúgubre perrera con la esperanza de poder ofrecerte una vida mejor, porque eras tan guapo que supuse lo ibas a tener mucho más fácil que otro gato común.
Pronto tuviste una familia estupenda que te cuidó y te dio calor, cariño y seguridad aunque para ello te alejaste mucho de mí. Todo iba estupeendamente, de cine como dirían muchos, pero nada es para siempre, y después de algo más de dos meses, tu salud ha empezado a empeorar, has dejado de comer para ir consumiéndote poco a poco hasta morir...